Aguas superficiales

Los humedales naturales de Doñana incluyen dos tipos de hábitats: las extensas llanuras de inundación y marismas estacionales, y las charcas y lagunas temporales que se forman en las depresiones naturales de las arenas eólicas adyacentes ( Díaz- Paniagua et al 2010 ).

El tamaño y la profundidad de los humedales varían notablemente entre años, impulsado principalmente por la precipitación. La inundación de las zonas húmedas se inicia a partir de septiembre, aunque es altamente impredecible. En promedio, la precipitación mensual más alta se produce en noviembre y los niveles máximos de inundación se alcanzan durante febrero. A finales de la primavera, la evaporación se convierte en el factor determinante de los niveles de agua. Las marismas y lagunas se secan lentamente, y la mayor parte de la superficie está completamente seca a finales de julio.

Las lagunas dunares en Doñana muestran una gran variación en su periodo de inundación. Después de las fuertes lluvias, se llenan principalmente por el aumento del nivel freático. La alta e impredecible variación interanual en la cantidad y distribución temporal de las precipitaciones genera grandes cambios tanto en el ciclo de inundación de las lagunas, como en la composición de las comunidades acuáticas presentes en ellas. Esta variación interacciona con los cambios en la geomorfología, y da como resultado una alta heterogeneidad en el tamaño, profundidad, química del agua, flora y fauna de las lagunas dunares.

 

Sólo un pequeño número de lagunas, localizadas en puntos de descarga de los acuíferos locales y regionales situados en el límite entre dunas móviles y estables, retienen agua durante todo el año. Además, algunas charcas naturales han sido profundizadas por el hombre para abastecer de agua para los animales domésticos y salvajes, creando así pequeños cuerpos de agua permanentes. Estas charcas artificiales, llamadas “zacallones”, juegan un papel importante en la conservación de la flora y fauna acuática: por ejemplo, algunas planta acuáticas sólo persisten actualmente en ellos.

 

Las marismas se formaron por la deposición de sedimentos en la ría de uno de los ríos más grandes de España, el Guadalquivir, pero la diversión o desecación de los brazos del Guadalquivir hace aprox. cuatro décadas hizo que actualmente reciban la mayor parte de su agua de la red local de arroyos y de precipitaciones directas. Hasta el siglo XVIII, las marismas de Doñana eran en gran parte mareales, pero esta influencia marina se ha reducido poco a poco. Actualmente, la mayoría de sus humedales tienen un carácter continental, ya que el agua de mar sólo entra en una pequeña parte de las marismas con marea alta.

 

La marisma natural es una amplia llanura arcillosa, en que las ligeras variaciones en la topografía se traducen en una amplia diversidad de periodos de inundación y tipos de vegetación, que reciben denominaciones locales: desde canales ("caños") y lagos estacionales ("lucios"), a las islas bajas ("vetas"). Los humedales de la marisma son, actualmente, estacionales – aunque algunas zonas se mantienen inundadas artificialmente, junto a los Centros de Visitantes del Acebuche y de José Antonio Valverde. En este último, se ha establecido una colonia importante de morito común (Plegadis falcinellus).

 

La extensión original de la marisma natural, estimado en alrededor de 180 000 ha, se ha reducido gradualmente hasta las 32.000 hectáreas actuales, situadas en la margen occidental del río Guadalquivir. En los años 60 del pasados iglo, las 150.000 hectáreas restantes fueron drenadas para establecer cultivos (de algodón, trigo, girasol) o convertidas en arrozales (hasta 37.000 ha), piscifactorías (3.200 ha) y salinas (1.000 ha). Los ríos y sus meandros que forman marismas de Doñana se han modificado en gran medida, y dos de los tres brazos del río Guadalquivir se han cerrado, mientras que el cauce principal está siendo dragado periódicamente para que los barcos más grandes puedan llegar al puerto de Sevilla. Otros ríos y arroyos fueron canalizados y protegidos con diques para evitar la inundación de campos y casas. En la década de 1980, un gran dique fue construido a lo largo de la frontera entre las marismas del Parque Nacional de Doñana y el río Guadalquivir con el objetivo de prolongar el período de inundación de la marisma del Parque. La presencia de este dique significa que los niveles de agua se vuelven artificialmente altos en inviernos húmedos, y el drenaje de agua hacia el río se controla a través de compuertas.

 

En 1998, la rotura de la balsa minera en Aznalcóllar causó la deposición de lodos con un elevado contenido en metales pesados en la zona adyacente al Parque Nacional. Tras la retirada de estos lodos, el gobierno central inició un ambicioso proyecto de restauración llamado "Doñana 2005". El objetivo era recuperar en lo posible la dinámica natural de las marismas de Doñana, mediante actuaciones como la restauración de más de 5.000 hectáreas de marisma drenadas para su transformación en tierras agrícolas en la Marisma Gallega, la instalación de sistemas de tratamiento y depuración para mejorar la calidad de las aguas que entran a la marisma, y la restauración de 3.000 ha de marisma (que incluyen la recuperación funcional del Caño Travieso, operativa a partir de 2014; y la creación de 96 lagunas temporales, con un diseño adaptativo) en la Finca de Los Caracoles.